martes, 14 de agosto de 2007

LA GEOGRAFÍA, UNA CIENCIA SOCIAL DEL TERRITORIO


La Geografía Humana –y no sólo esta vertiente de la Geografía - es, ante todo, una ciencia social del territorio. Al igual que la Historia, está centrada en las cuestiones sociales: espacio y tiempo son, pues, coordenadas que enmarcan necesariamente todo el conjunto de relaciones sociales, condicionándolas y explicándolas.
La Antropogeografía (1891), de Friedrich Ratzel (1844-1904), considerada como la obra fundacional de la Geografía Humana ya consideraba la geografía como una ciencia centrada en las cuestiones sociales y su primer volumen se subtitulaba “Introducción de la aplicación de la Geografía a la Historia”. Pese a todo, la obra de Ratzel todavía se limitaba a explicar las influencias del medio físico en la sociedad, pero ya era un paso significativo.
La concepción más tradicional de la geografía –de Ptolomeo a Varenio- la consideraba una ciencia matemática mixta, que explicaba las propiedades de la tierra –figura, situación, dimensiones, movimientos...- a las que el hombre era totalmente ajeno. Los padres de la Geografía moderna, Humbolt (1769-1859) y Ritter (1779-1859), no fueron capaces de explicar los fenómenos humanos con el grado de empiricidad mostrado al estudiar los fenómenos naturales, en buena medida porque carecían del instrumental científico adecuado para permitirse explicaciones causales suficientemente convincentes.

No obstante, la consideración de la geografía como una ciencia social del territorio está lejos de ser aceptada unánimemente. Algunos contemporáneos de Ratzel pensaban que sólo en la geografía regional debían estudiarse los hechos humanos; otros creían que los hechos humanos carecían de la cientificidad de los de carácter físico.

Con el tiempo, las críticas vienen desde quienes creen que sólo se debe estudiar la Tierra como habitat de la humanidad y quienes creen que las relaciones entre el hombre y la Tierra sólo deben centrarse en el medio ambiente natural. Por ejemplo, Demageon creía que el objeto de la geografía era “estudiar en una región, geográficamente definida, las relaciones entre la naturaleza y el hombre”. Más elaboradas y recientes son las concepciones que consideran el
espacio como una abstracción y las que equiparan medio geográfico con medio físico y medio físico con medio natural.

Sólo con el desarrollo de las tendencias radicales en los años sesenta y setenta se consolida la visión del espacio geográfico como un producto social y de la geografía como una ciencia social entre otras muchas, abordando la vida en sociedad desde una preocupación centrada en los aspectos territoriales.
El espacio social –siguiendo al historiador Lefebvre- no responde a la naturaleza, al clima, al carácter, a la historia anterior o a las circunstancias culturales concretas sino que es “el resultado de un proceso vinculado con el desarrollo de las fuerzas productivas y de las relaciones de producción”.
Desde otras perspectivas, preocupadas por lo que se denomina el espacio vivido, éste no sería independiente del propio sujeto y de la sociedad en que se inserta, sino un medio en que se desarrolla la vida humana; no es independiente de la sociedad que lo ocupa.
El espacio y el tiempo se convierten así en ejes de las ciencias sociales, lo que supone una necesaria cooperación entre las grandes disciplinas de análisis de la realidad social, las centradas en el espacio, el tiempo y el grupo: ni existen cuestiones puramente espaciales, ni existen procesos sociales no espaciales.
¿Porqué ha evolucionado la geografía en este sentido? En realidad, como afirma García Ramón, la geografía, como cualquier otra disciplina es “un producto de su tiempo y todo conocimiento es una construcción social y como tal refleja las condiciones bajo las que éste se produce y transmite”· La geografía actual se desarrolla en medio de una situación de fuerte incremento demográfico de la humanidad y de aumento del poder material humano, lo que ha permitido extender paulatinamente la dominación sobre un medio físico que organiza, controla, explota y consume: del interés por la influencia del medio físico sobre la vida del hombre se ha pasado al interés por los procesos sociales que intervienen sobre el entorno.
El propio paisaje, como explica Milton Santos, se aleja cada vez más de un mundo natural prácticamente reducido a cada vez más escasos lugares para convertirse en un “conjunto de formas heterogéneas, de edades diferentes, pedazos de tiempos históricos representativos de diversas maneras de producir las cosas, de construir el espacio”; por eso cree que debemos superar el análisis del aspecto del paisaje para llegar a entender su significado.
Hoy, una época de mundialización creciente, de globalización si se quiere, tiende a transformar las relaciones espaciales y a acentuar una relación jerárquica entre ellos. El espacio geográfico está cada vez menos influido por el marco físico preexistente que por los procesos sociales que lo transforman. La geografía debe analizar el espacio geográfico como algo en permanente construcción mediante una relación dialéctica con la sociedad que lo habita. Se debe poner el acento en el cambio, en unas transformaciones producto de la propia naturaleza histórica,
construida, del espacio social. Cuestiones como el desarrollo desigual, los procesos de diferenciación espacial, la vinculación entre grupos sociales y fragmentos del territorio cobran cada vez mayor importancia.

LA EVOLUCIÓN DE LAS DISTINTAS CORRIENTES GEOGRÁFICAS: SUS APORTES AL DESARROLLO CIENTÍFICO
La geografía moderna surge con Humboldt y Ritter, dos científicos alemanes, que recogieron el material empírico elaborado a partir de la exploración y colonización europea, lo analizaron y lo presentaron en un nuevo marco teórico y conceptual. También en Alemania surgieron en 1874 las primeras cátedras geográficas universitarias, gracias al interés que suscitaba el fenómeno colonial y también en función del fomento de las ideas nacionalistas.
Tiempo atrás habían comenzado a desarrollarse las sociedades geográficas (en 1821, en París, se constituyó la primera), vinculadas estrechamente a la exploración y explotación de nuevas tierras sobre el planeta; las sociedades contribuyeron a la difusión de los conocimientos geográficos y a la aceptación social de la geografía como disciplina académica, pero también fundamentaron el imperialismo y fomentaron una construcción de la identidad europea a partir de una supuesta imagen de superioridad racial, económica, política y cultural.
A finales del siglo XIX, Ratzel expuso el método para estudiar los problemas de la geografía humana, describiendo la distribución de los seres humanos sobre la Tierra y explicando estas distribuciones en función de la historia y de las condiciones físicas, valorando las influencias que los elementos naturales ejercieron sobre las sociedades. Eran los tiempos del determinismo.
El determinismo
El determinismo buscaba el encadenamiento causal existente entre los fenómenos físicos y los fenómenos humanos. Partía de las concepciones darwinistas de la interrelación entre el medio natural y los seres vivos y planteaba explicaciones geográficas totalizadoras, utilizando instrumentos analíticos e interpretativos: Ratzel, por ejemplo, defendía que la diversidad cultural del planeta no era sino consecuencia directa de las condiciones naturales.
El determinismo utilizaba el método positivista, hipotético y deductivo, que formulaba hipótesis sobre la realidad observada y formulaba leyes naturales en las que las diferencias sociales se fundamentaban en condiciones de geografía física. El determinismo–de acuerdo con los intereses imperialistas del capitalismo industrial y del nacionalismo burgués- explicaba el mundo y el desarrollo histórico como un proceso natural, ligado a leyes inexorables de la naturaleza, justificando la expansión colonial.

El determinismo era excesivamente simplista, reduccionista del carácter complejo de las relaciones espaciales, pero introdujo en la geografía un método científico, el hipotético-deductivo, y convirtió a la geografía en una ciencia puente entre la naturaleza y la cultura.

La alternativa anarquista
Aunque compartiendo bastantes aspectos de un determinismo que era casi incuestionable en su época, los geógrafos anarquistas aportaron una visión alternativa a la de una geografía al servicio del poder y del imperialismo. Así, Kropotkin trataba de compaginar anarquismo y determinismo afirmando que la libertad humana sólo puede encontrarse garantizada cuando el hombre sabe integrarse armónicamente en el orden natural y atribuyendo mayor importancia a
la ley de ayuda mutua que a la de la selección natural. Reclus defendía que el conocimiento geográfico debía asumir la armonización entre naturaleza y naturaleza humana. Ambos defienden las regularidades espaciales y plantean sugerencias para modificar los aspectos perjudiciales de un orden social injusto.Aunque marginados en los ambientes más academicistas de su época, representan la actitud progresista, el carácter crítico y el compromiso vital, mezclando criterios temporales o históricos con otros espaciales o geográficos.

Las corrientes clásicas

Son aquellas que surgen como reacción frente al determinismo, por su dificultad de contrastar sus leyes universales con las investigaciones concretas. La corrientes clásicas –entre las que destaca la posibilista o historicista de influencia francesa- se identifican con las geografías regionalistas y del paisaje, destacan el papel del sujeto, se interesan por lo único y singular y reconocen la dificultad de alcanzar leyes generales.
El método propuesto, por Vidal de la Blache, es el inductivo historicista en el que la observación y la descripción detallada de entornos concretos, que explicaban de forma particular, primaban sobre la formulación de leyes generales. El posibilismo reconoce que la naturaleza siempre ofrece unas posibilidades que el ser humano aprovecha y transforma de formas muy variadas según los lugares.
La noción de género de vida expresa las formas de adaptación o respuesta de los diferentes grupos sociales al medio geográfico: se llega a identificar la región con el área de extensión de un paisaje. El género de vida representaba el resultado integral de las influencias físicas, históricas y sociales que las relaciones entre el hombre y el medio establecía en un lugar concreto, integrando conceptos diversos, como el lugar, la alimentación, la organización social o los paisajes, llegando a convertirse en una forma de civilización.

El concepto de ciencia de lo único y singular –que dio lugar a multitud de estudios regionales y monografías concretas- convertía a la disciplina en una ciencia sui generis, con problemas de identidad graves para mantener su status científico.

La geografía cuantitativa
Como reacción a las corrientes clásicas, pronto surgió una corriente que afirmaba que la geografía no era una disciplina singular o excepcional sino que debía utilizar el método científico como cualquier ciencia. Surge así la denominada “Nueva Geografía”, también conocida como teorética o cuantitativa, aunque estos términos no son equiparables: la geografía teorética es abstracta y busca una teoría general y la formación de un cuerpo de leyes; la geografía cuantitativa se refiere a la aplicación de técnicas numéricas y estadísticas en el análisis de los
fenómenos, independientemente de su enfoque teórico o no. Adoptaban los métodos normales de investigación científica y trataban de encontrar explicaciones geográficas a la distribución y localización de las actividades humanas.
Se reconocían herederos de investigadores como Ravenstein, Weber o Christaller y buscaron una teoría general de la geografía, elaborando modelos teóricos de la realidad mediante formas y fórmulas matemáticas. Delimitaron el objeto de la geografía en la organización del espacio, más que en el concepto de medio o de paisaje, y se preocuparon por el análisis general de los sistemas espaciales.
Pusieron el acento en la explicación, en la búsqueda de leyes que permitiesen la predicción y defendieron la neutralidad de la ciencia, excluyendo juicios de valor y afirmando el carácter objetivo del trabajo científico.

Usaron un lenguaje matemático, basado sobre todo en la geometría, e impulsaron la cartografía y la utilización de la informática y la electrónica, con lo que desarrollaron la geografía aplicada. A ellos se debe buen número de conceptos geográficos nuevos: problema-clave, sistema, corema –o estructura elemental del espacio geográfico abstracto - o modelo.
Sus críticos afirman que se preocuparon más por las técnicas analíticas que por el desarrollo y profundización de una auténtica teoría geográfica; también creen que se centraron en aspectos formales y concretos alejándose de los auténticos problemas relevantes; finalmente, se les acusa de caer en el llamado fetichismo espacial, convirtiendo el espacio en un objeto geométrico, teórico, separado de la vida concreta de la gente, justificadora del orden social existente y carente de una dimensión ética. Pero revitalizaron la geografía, cuestionando los principios
básicos de esta ciencia, aportaron enfoques analíticos innovadores, multiplicaron las técnicas para obtener información y aplicaron la geografía a ámbitos diferentes a los militares y docentes.

La geografía radical
También denominada crítica o democrática, surge en los setenta como reacción contra el silenciamiento de los problemas sociales más relevantes, reivindicando un saber crítico y transformador.
Aunque simpatizaron con el materialismo dialéctico, reivindican la tradición intelectual de los geógrafos anarquistas, en los que encuentran una tradición prestigiosa, una dimensión ética, un activismo político y divulgador y una denuncia de las contrapartidas sociales del desarrollo capitalista.
Criticaron la divergencia entre la realidad y la investigación geográfica y la actitud neutral mantenida por los neopositivistas de la escuela cuantitativa, denunciandosu concepción del espacio como una entidad abstracta ajena a la sociedad que lo habita.
Las geografías radicales se interesan por el espacio como elemento decisivo de las estrategias del capitalismo y reteorizaron la espacialidad desde análisis materialistas dialécticos ajenos a la labor de los geógrafos marxistas tradicionales.
El espacio, lejos de ser neutral, era un producto social, objeto de apropiación por los diversos usos y clases sociales. La geografía radical atribuía mayor poder de causación a los procesos sociales que a los espaciales; por eso le preocupan temas como el estudio de los espacios
subalternos de los países desarrollados. También tratan de asociar la investigación con una práctica social consecuente, de carácter revolucionario.
Se les critica una tendencia al discurso economicista determinista, una sustitución del análisis riguroso por planteamientos éticos y una incoherencia entre el discurso y la práctica. Pero pretendieron convertir la geografía en un instrumento de transformación social y desenmascararon la aparente neutralidad y cientificidad de la ciencia instalada; utilizaron el método dialéctico como un instrumento de análisis fecundo, renovaron viejos campos de estudio e introdujeron otros nuevos, como la geopolítica, la geografía feminista o la del bienestar, fomentando los estudios interdisciplinares y dinamizando el estudio escolar de la disciplina.

Las geografías humanísticas
Buscan una comprensión del mundo en la que el hombre ocupe el centro de atención de las investigaciones, subrayando la función social de la geografía. Basándose en filosofías fenomenológicas, existenciales y neomarxistas pretenden dar respuesta a porqué los seres humanos crean lugares en el espacio y les imbuyen de significado, y se centran más en la comprensión que en la explicación.

Asumen que la actitud neutral es imposible y se sumergen en la investigación mostrando cierta empatía con el objeto investigado. Para ellos el hombre es el actor, y el lugar su espacio de vida: el mundo vivido es concebido como un conjunto de hechos y valores, construido a través de la experiencia cotidiana. El lugar es su concepto clave, centro de la propia existencia, espacio de
vinculación emocional, foco de identidad, dotado de historia y significado; es el polo opuesto al espacio abstracto y geometrizado de los cuantitativi stas. Lógicamente han fomentado los estudios de localidad, de lo específico, de lo que representa la identidad del grupo. También ha incorporado buen número de técnicas, como el redescubrimiento del trabajo de campo, el uso de las fuentes literarias u orales, o muchas otras de carácter cualitativo (buena parte de la
llamada geografía de la percepción podría incluirse en esta corriente), pero se les acusa de animadversión hacia las técnicas estadísticas.
Existen fuertes problemas para encajar su investigación en las condiciones generales del método científico. Por eso, afrontan fuertes críticas, como la acusación de subjetivismo, la reducción a una geografía precientífica que no pasa de mero ejercicio de estilo, su análisis limitado a la apariencia del mundo. Pero han puesto en tela de juicio conceptos aparentemente objetivos e irrefutables de escuelas anteriores, han profundizado en el sentido del lugar, han revitalizado los
trabajos de campo y han reforzado el papel de la geografía como materia cultural.

Los postmodernismos
Expresión intelectual del capitalismo tardío, declara el fin de las dicotomías tradicionales entre las distintas escuelas geográficas, identificándose con un cómodo eclecticismo teórico, poco escrupuloso, relajado teórica y epistemológicamente, como reacción a la ineficacia de los sistemas de interpretación universal. Afirman que las teorías sociales son incontrastables, que
el corpus científico admite diferentes lecturas y puede cambiar, con lo que justifican la duda, la crítica y la formulación de propuestas alternativas.
Piensan que intelectuales y científicos deben adoptar actitudes prudentes y cautas, alejadas de las verdades absolutas, pues la complejidad sustituye a la certeza. Poseen una concepción poliédrica del espacio, abordable desde distintos enfoques, como texto, como conjunto de signos y símbolos, como identidad, como factor económico...; revalorizan los espacios locales y las relaciones entre diferentes escalas (la local, la estatal y la global).
Aunque todavía son teorías escasamente consolidadas, las críticas les han llovido desde todas partes: se les acusa de incapacidad para establecer reglas claras y postulados homogéneos, de que su decostrucción de conceptos y categorías permite cualquier interpretación del mundo por inmoral que sea y se duda de su carácter científico. Algunos creen que, bajo sus grandes postulados y su oscura terminología, sólo existe un lenguaje vacío y una profunda ignorancia de
la ciencia. Sin embargo, es indudable que han obligado a reflexionar sobre la teoría geográfica, han fomentado interrogantes y han impulsado la renovación de la geografía. Tal vez, sólo se trate de una actitud defensiva de una ciencia epistemológicamente en construcción en unos tiempos de crisis y cambios acentuados.